Abril Garzón: «Es muy complejo crecer en un pueblo así, irte y no volver: estamos aislados del mundo»
La ciclista neuquina nació en Huinganco, un lugar de 1100 habitantes, y vendió su caballo en una rifa para comprarse una bicicleta. Participará en los Juegos Odesur de Rosario, Santa Fe y Rafaela.
Abril Garzón era una ciclista de montaña que solo conocía los caminos de tierra de su pueblo, y nunca había visto una bicicleta de ruta hasta que compitió en los Juegos Evita. Hoy es campeona argentina y forma parte de la selección que se prepara para los ODESUR. En el medio quedaron rifas, enseñanzas, sacrificios y una pérdida que todavía duele.
–¿Cómo viene la preparación para los Suramericanos?
–Estamos concentrando en Rafaela, ya llevo dos semanas acá, así que súper bien. Concentramos para la cuarteta, la prueba de persecución por equipos. Como se corre en equipo y es muy raro que nos podamos juntar tanto tiempo antes, se aprovechó la oportunidad.
–Estuviste por Bélgica e Italia compitiendo con ciclistas de altísimo nivel.
–El año pasado hice mi primera temporada en Europa, y esta vez volví por tres meses. No lo podía creer, pensaba “qué carajo estoy haciendo acá”. Stalkeaba a las corredoras y eran todas olímpicas o mundialistas. Una locura, promediábamos los 50 kilómetros por hora, quedé sorprendida por el nivel femenino que hay.
–¿Fuiste sola?
–Estuve con otros chicos, pero yo era la única mujer y no tenía pareja para la Madison. La primera la corrí con una rusa con la que no intercambiamos palabra y la segunda la hice con una chica de Estados Unidos. Fue genial el haber podido correr tan espontáneamente una prueba que en realidad se entrena mucho.
–Hace poco fuiste campeona argentina de ruta élite y sub 23.
–No suelo ganar los sprints, y en ruta hay mucho de resolver en el momento, por más estrategias que pienses antes. Solo vi la cantidad de vueltas y entendí que era mi momento. Tenía claro que si alguien me pasaba, iba a ser sobre la línea y porque era superior a mí.
Abril Garzón: "Es muy complejo crecer en un pueblo así, irte y no volver: estamos aislados del mundo"
–¿Te acompaña tu entrenador?
–Yo a mi entrenador lo he visto dos veces, todo el resto se maneja por una aplicación sincronizada con el ciclocomputador y los sensores de la bicicleta. Él entra y ve qué es lo que hice, cómo lo hice, cuánto lo hice. Hoy sos muy privilegiado si podés tener un entrenador que esté con vos, más allá de ahora con la selección.
–¿Dónde solés entrenar?
–En general viajo mucho, siempre buscando el lugar que preste las mejores condiciones. Estuve en Mendoza en la casa de una compañera, Julieta Benedetti, y antes de irme a Bélgica también pasé por Tucumán, que mi novio es de allá. Solo volví 10 días a mi casa en el medio, y quién sabe cuándo voy a poder ir otra vez.
–Empezaste haciendo ciclismo de montaña antes de pasar a ruta y pista. ¿Qué te dio esa experiencia previa?
–Crecí en Huinganco (Neuquén), un pueblito en el que el asfalto ni existía. Empecé en el Mountain porque era lo único que conocía, jamás había visto una bici de ruta. Empecé a crecer y a viajar, fui a los Juegos Evita y solo podías hacer Mountain hasta la sub 14. Si querías seguir yendo tenías que pasar a ruta. Y fue ahí que me familiaricé un poco más con la bici de ruta, porque los circuitos están pegados. Así que me pasé de una a otra y terminé ganando el bronce en vueltas puntuables en los Evita 2019.
–¿Qué tiene de particular vivir en un pueblo como Huinganco?
–Lo que cambia es la cultura. Tenemos un ritmo, un estilo de vida diferente al de una ciudad, incluso Neuquén capital no tiene nada que ver. Somos 1100 habitantes, todos sabemos la vida de todos. Recién el año pasado asfaltaron hasta el ingreso al pueblo.
–Debe ser difícil progresar como deportista en un contexto así.
–Salir del pueblo era el primer gran logro. Es muy complejo crecer en un pueblo así, irte y no volver, porque estamos aislados del mundo. Fue dándose todo sin planearlo y sin saber qué es lo que pasaba. Yo solamente seguía, hasta que encontré mi camino y empecé a armarlo. Ahora hay más ciclistas, con mi familia habíamos armado en su momento una escuelita de ciclismo y algunos nenes llegaron a los Evita. Pero hace 2 años falleció mi papá y nos costó mucho mantenerla, la escuelita la llevaba él.
–¿Por qué se hizo conocida la historia sobre la rifa de tu caballo?
–Yo solo quería comprarme una bicicleta para competir, y para nosotros el caballo no es una mascota, es un animal de trabajo. Necesitaba juntar mucha plata y dije, «Me garantizo vender todo porque quién no compra un número para ganarse un caballo.» Después se esparció tanto que llegó a gente que no entendía cómo podía rifar un animal. ¿Cómo les explico que no es mi mascota de una manera que no sea tomada como violenta? Hasta protectores de animales me caían a casa. Fue terrible.
–¿Cómo se forjó tu carácter?
–Por los papás que me tocaron. Ellos se encargaron de que yo no me conformara. Mi papá me decía, “antes de elegir algo tenés que conocerlo todo”, y mi mamá tiene una fortaleza que es inspiradora. Yo veo muchos chicos que si pierden vuelven hechos trapos de piso y está bien querer ganar pero la frustración, perder, son más parte del deporte que las victorias. Es una cuestión propia de la vida y de cómo uno quiera encararla.
–¿Cómo impactó en tu vida el accidente de tránsito en el que falleció tu papá?
–Cambió todo. La sensación al bajar de la bici ahora es distinta, no tengo ese abrazo esperándome. Él me decía que aunque saliese última, si dejé todo lo importante era eso, que siempre el resultado podía darlo vuelta si seguía así. Eso de que el tiempo cura todo es la mayor mentira que escuché, pasaron dos años y todavía duele. Encima hay un juicio penal pendiente que lo hace todavía más difícil.
–¿Qué tiene el ciclismo que no tiene ninguna otra disciplina?
–Sufrís mucho, pero tu cuerpo se acostumbra y terminás disfrutando de ese sentimiento, de exigirte y que tu cuerpo responda. El ambiente es hermoso. Yo elegí vivir una parte de mi vida arriba de la bicicleta
Juan Carlos Parada
FM Patagonia (Chos Malal).






